Se suele decir a menudo que los niños y los jóvenes son el futuro de un país y que sin educación el progreso es impensable. En los últimos años, ha surgido la Generación Ni, integrada no por adultos, sino por jóvenes de entre 15 y 24 años que "ni trabajan ni estudian". Hace pocos días, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) difundió un informe que indica que el segmento de jóvenes, denominados también "ni-ni", se incrementó, desde 2003 a la fecha, un 17% y alcanza casi a un millón de personas.
Se indica que pese a los esfuerzos del Ministerio de Trabajo de la Nación, para insertar a este segmento de la sociedad, las marchas y contramarchas del sistema educativo complica las posibilidades de reducir el margen, en virtud de un reciente trabajo de la Unesco. Este indica que uno de cada dos alumnos abandona la escuela secundaria y apenas un 31% de los que ingresa a primer grado logra completar el ciclo lectivo obligatorio.
La cifra de casi millón de jóvenes surge de estudios realizados en base a cifras de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec. Según estos datos, la población de argentinos de 15 a 24 años que no estudian ni trabajan creció de 846.000 en 2003 a 993.000 en 2010. El ex ministro de Educación de la Nación, Juan Carlos Tedesco, que integró el Gobierno nacional hasta 2007, aseveró que las cifras señalan la gravedad del problema y lo difícil que es resolverlo. "Es un fenómeno preocupante y de gran complejidad", dijo.
No se difundieron datos discriminados en las provincias. Como se recordará, en 2009, eran alrededor de 40.000 los jóvenes "ni-ni" en Tucumán. Las estadísticas señalaban que luego de la crisis de 2001-2002, 61.069 jóvenes habían quedado en situación de vulnerabilidad social en Tucumán. Representaban el 23,9 % de acuerdo con cifras del Indec. A partir de la aplicación de 12 programas oficiales se había revertido, en parte, la situación aunque todavía restaba rescatar a miles de jóvenes excluidos. En esa ocasión, el secretario de Planeamiento había dicho que la política de inclusión implementada había logrado hacer descender los indicadores de pobreza, que en 2003 eran superiores al 60 % y en 2009 eran del 30 %.
Sería más que interesante saber qué hace este casi millón de jóvenes argentinos si no estudian ni trabajan. Es posible que un buen porcentaje haya sido captado por la marginalidad, por las adicciones y  por la delincuencia. Para contrarrestar esta realidad compleja y problemática, un experto tucumano propuso desarrollar planes de promoción social en cada vecindario. Afirmó que era necesario trabajar con la misma gente del barrio, contratar a operadores comunitarios, idear grupos de autoayuda, de gestión de trabajo. Sostuvo que en Tucumán faltaba una fuerte inversión comunitaria preventiva y que las adicciones no debían enfrentarse con medidas aisladas.
Se debería tal vez realizar un censo local para ubicar a los jóvenes "ni-ni" y determinar cuáles son las causas por las que se hallan en esa situación. Posiblemente, muchos de ellos provienen de hogares de padres analfabetos que han vivido siempre entre la indigencia y la marginalidad y en consecuencia, sus hijos son un reflejo de ellos. Se los puede estimular a aprender oficios o a hacer cursos con salida laboral a cambio de un subsidio de desempleo. Se trata de invertir en programas sociales para este sector, que busquen su integración social, a través de la educación, la cultura y el deporte.